“La correspondencia del descenso en ‘El viaje vertical’ de Enrique Vila-Matas” por Giampaolo Astorino

ImaAbismo

*

Necesitamos descender, para reconocer el abismo.

 

**

Uno como lector anda por el mundo de los libros de un modo inseguro, pero es una inseguridad siempre efímera que se resuelve en las primeras líneas de cualquier libro. Uno como lector busca la contundencia, el impacto crucial que invite a instalarse a hurgar en una historia ajena, que más allá de entretenernos, nos ofrezca ciertas dosis de lo que somos, o simplemente nos muestre otra realidad que nos traslade a nuevas formas de concebir el paso truculento de la vida.

“El viaje vertical” (1999) novela del español Enrique Vila-Matas, tiene esa fortuna de contundencia que todo lector anda buscando, posee los ingredientes esenciales para que cualquier lector se deje llevar por el torrencial magnético de frases y párrafos que van cavando lo más inhóspito del ser.

La historia de Mayol (personaje principal de la novela) es la historia de cada hombre que transita la tierra; en mayor o menor cuota, de una u otra forma nos dirigimos a la travesía del derrumbe, del descenso y el acabamiento. Vila-Matas quizás en una actitud griega nos advierte que el único destino que posee el hombre es su muerte, y que uno pasa viajando por la vida intentando aceptar ese destino.

 

***

Razones por la que concibo “El viaje vertical” un libro contundente:

-En principio es un tributo a la literatura, como casi siempre nos tiene acostumbrado Vila-Matas, sus libros tienen su esencia en lo literario, aunque a muchos críticos y estudiosos les resulte chocante. Hay un nuevo género en la literatura que no podemos obviar: la literatura que nace de la literatura. Hay que dejar en claro que en esta novela el escritor barcelonés no abunda en citas literarias como se ha caracterizado en otros libros, sí existe una intención de paráfrasis, una inmersión o absorción de voces que van desfilando en el devenir narrativo de la novela: Kafka surge en la vanguardia dando saltos en dirección inexacta (lo propio del absurdo) Unamuno y Pessoa sorteando el desvelo de la identidad. En un pequeño rincón se asoma Pirandello otorgándole libertad a sus personajes (que desde el inicio del siglo XX se han vuelto indomables) y por supuesto Homero, el gran fantasma que recorre todas las épocas literarias, quien sin proponérselo relató el viaje eterno del ser humano.

-El tema del fracaso como piedra en el zapato, que no sólo se produce en Mayol, en casi todos los personajes está presente ese germen beckettiano y riberiano. El fracaso que da luz al hombre insatisfecho, incompleto, nunca realizado, que siempre espera la inatrapable felicidad. Es la manifestación del fracaso la que pone en marcha la actitud de descenso, el carácter neutral de dejarse llevar por mero impulso circunstancial de la vida. El fracaso como síndrome de desalojamiento del ser, porque se ha roto todo deseo de búsqueda y el tiempo a su vez se distorsiona, rompe su rutina lineal y empieza a vagabundear a un ritmo insostenible. Pero el fracaso en el eje cumbre de la novela propone un reordenamiento, un cambio de brújula, una fugaz reinvención para que el paladar de la vida pueda degustar todas las carencias que se hospedaron a lo largo del tiempo. Y Mayol lo entiende, su gran fracaso es que se quedó sin tiempo para revivir sus carencias.

-Un asunto interesante de la novela es la forma dispersa del narrador, una voz que desde el inicio va declinando desde una tercera persona “aparentemente” omnisciente, hasta revelarse como uno de los personajes que coinciden en el viaje del descenso de Mayol y que todo lo que sabe y cuenta, es por lo que aquel le ha contado. En el fondo Vila-Matas se disfraza en un personaje para narrar su propio drama de escritor: “a veces tengo la impresión de que surjo de lo que he escrito como una serpiente surge de su piel, aquí en esta isla de palmeras y eternidad donde todos los días hundo en tinta mi pluma y donde el tiempo, su teatro armado sobre la calma y el poco viento, también para mí pasa lento y pasa fácil, porque la vida aquí es fácil, y mi reloj muy lento y, además, para qué negarlo, yo sólo soy un principiante, el principiante más lento.

-Y por último la soledad. La condición que nos absorbe para que nos aventuremos a recorrer dentro de nosotros mismos. En la novela la soledad es la reapertura a la vida que va huyendo, que se dirige al fondo sin dejar rastro. La Atlántida (monumento primordial de la novela) es la metáfora que circunda la acción de Mayol, el hundimiento es la ruta y quizás la salvación, no una salvación religiosa, es la salvación humana del fracaso, del miedo y del amor.

 

****

El viaje nunca es repetitivo, de allí proviene su magnificencia. El viaje siempre es cambio, es alternabilidad, es la deformación de lo cotidiano. Aunque no sepamos a ciencia cierta a qué dirección viajemos, no tengamos terror al descenso, porque en definitiva la única meta que nos queda es el abismo.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s